La Organización Mundial de la Salud recomienda que los niños coman al menos cinco porciones de frutas y verduras al día, limitando los alimentos ultraprocesados, la azúcar añadida y el exceso de sal. Para las loncheras, esto se traduce en algo simple: combinar siempre una fruta, una proteína (queso, huevo, pollo, atún) y un carbohidrato saludable (arepa, pan integral, galletas de avena), evitando los paquetes industrializados.
Un dato importante para las familias: es normal que los niños pequeños rechacen un alimento nuevo la primera o incluso la quinta vez que lo prueban. Los estudios muestran que puede tomar entre 5 y 10 exposiciones antes de que un niño acepte un alimento desconocido, así que ofrecerlo varias veces, sin forzar, es la estrategia que mejor funciona. Presentar los alimentos en trozos pequeños, con colores variados y de forma divertida también ayuda, porque a estas edades los niños «comen primero con los ojos».
Involucrar al niño en la preparación de su propia lonchera es otra forma efectiva de que se anime a probar cosas nuevas.

